viernes 30, octubre, 2026

FRACTALIDADES

El mundo está cambiando vertiginosamente y las instituciones no le dan alcance 

Salvador Hernández Vélez

En el artículo anterior comenté sobre la cuarta revolución industrial que estamos padeciendo, porque el mundo cambia a una velocidad que no le damos alcance. Es una revolución digital y global que transforma radicalmente la producción de bienes y servicios, la comunicación la ha hecho masiva e instantánea, y eso, impacta directamente a las empresas y la economía. A la sociedad en general. El mundo está cambiando muy rápido y nuestras instituciones no. Los cambios disruptivos que estamos viviendo son muy complejos y acelerados y, a la vez, acarrean nuevos retos y problemas inimaginables a los que hay que diseñarles nuevas soluciones de forma inmediata, pero paradójicamente cuando se empiezan a analizar, ya está generándose otro problema.

Por ejemplo. Hace más de un mes dos hermanos jóvenes en el ejido la Unión en Torreón, Coahuila atacaron a miembros de una escuela. Lamentablemente falleció la subdirectora y otras cuatro personas con lesiones graves. En los medios de comunicación y las redes sociales podemos encontrar infinidad de opiniones y exigencias sobre este atroz acontecimiento. Las opiniones al respecto se orientan a que los hechos nos llevan a un contexto de desintegración familiar y a indicios de fanatismo inspirados y disfrazados de ideologías violentas auspiciadas, en cierta forma, en las redes sociales.

Las instituciones educativas, de salud y policiacas hasta ahora no han ofrecido un diagnóstico integral de ese acontecimiento que permita reformular las instituciones e implementar nuevas políticas públicas acordes a la realidad, unas que atiendan de fondo este complejo problema. Es importante dejar en claro que éste no es un problema aislado, es uno más de los problemas estructurales que hoy nos acechan en un mundo digitalizado y globalizado.

Antes de este mundo digital, había mecanismos y formas de intervención colaborativa de las diferentes instituciones: la familia, la escuela, las judiciales y las religiosas. Si un niño cometía una falta y la escuela le aplicaba un correctivo, cuando el niño se quejaba con sus papás no tenía eco. Esto es, había un pacto tácito entre los profesores y los papás para corregir y reorientar al niño. Había confianza en el maestro. Hoy si el niño es reconvenido en la escuela, los papás al día siguiente acuden con los profesores a reclamar y terminan confrontados con el docente. El niño hoy es tratado de dos formas diferentes ante un hecho de indisciplina. Antes solo había una forma de trato.

Si bien los papás están en lo correcto al exigir que se cumplan los derechos y las libertades de sus hijos, no es suficiente, se requiere de una transformación del diseño autoritario del esquema educativo explicador y un cambio en las formas de enseñar de los profesores. La pregunta es ¿lo pueden hacer los profesores sin cambiar el esquema autoritario de la enseñanza y sin la ayuda de los padres y de las autoridades? En la sociedad actual el estudiante debe aprender a estudiar por sí solo porque ya no se aprende para toda la vida y el trabajo ya no es para siempre, y exige un proceso constante de reaprendizaje. Las instituciones como la familia y la escuela están actualmente debilitadas. 

La crisis, que hoy afecta a la sociedad en su conjunto, en palabras de Jean-Claude Michéa, en su libro La escuela de la ignorancia: “… desintegra las familias, descompone la existencia material y social de los pueblos y los barrios y de forma generalizada destruye todas las formas de civismo que, todavía hace unas décadas condicionaban una parte de las relaciones humanas”.

Hoy hemos avanzado reconociendo derechos y libertades de los alumnos, que apuntan hacia un desarrollo emancipador intelectual de los jóvenes, pero esos derechos chocan con las prácticas de los docentes, que no se transforman a la par de las nuevas leyes. El propio esquema educativo está diseñado de manera autoritaria, el profesor es autoridad, más que un maestro. El aula está diseñada para que el profesor esté por encima y frente al grupo de alumnos, y ello sobre determina, en cierta forma, algunas prácticas autoritarias de los profesores. La confianza en lo que edifica a una sociedad, las instituciones, se encuentra sobre cimientos movedizos. Por tales razones hoy se demanda una transformación no solo de las instituciones, sino también de las mentalidades.

jshv0851@gmail.com

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